Algo más sobre la llamada “caravana de migrantes centroamericanos”

Articulo de: Rogelio Lavenant Sifuentes

                                          ASPER COMUNICACIONES

Migración no es nueva, a diario en Baja California y en Tijuana, recibimos migrantes de toda la República Mexicana y del mundo; hace años que se decía en medios oficiales, que Tijuana crecia en promedio una “manzana” o “cuadra” cada día, con los asentamientos de migrantes nacionales y extranjeros, como sucedió en 1985, por el sismo en el DF que generó el éxodo de cientos o miles de capitalinos a la zona fronteriza; muchos de los centroamericanos, en su mayoría, dicen buscar mejores condiciones de vida, huyen del hambre, de la inseguridad y del desempleo.

En el caso particular, esos parecen ser los factores, pero sabido es que el éxodo fue motivado, cuando no que hasta patrocinado por organismos extranjeros ligados con EEUU; su entrada violenta en la frontera de Guatemala con México, en Tapachula (Chiapas) evidenció la negligencia de autoridades migratorias mexicanas, del gobierno que está por concluir; indebidamente solaparon el acceso masivo de migrantes a territorio mexicano, sin cumplir con los mínimos requisitos y, en su paso por Chiapas, Tabasco, Veracruz, Oaxaca, Guerrero, Jalisco, Nayarit, Sinaloa y Sonora, sus gobernantes fueron demasiado laxos y cómplices, al grado de patrocinarles transporte para “sacarlos” en el menor tiempo posible; y, como su destino final es EEUU, escogieron (sus guías, coyotes o mesías) venir a Tijuana y buscar el punto que creyeron más fácil de traspasar el cerco fronterizo, en Playas de Tijuana.

Por evidente ausencia de gobernanza, vacío de autoridad y de poder, porque el gobernador Kiko Vega no atinó a ordenar medidas de control y el alcalde Juan Manuel Gastélum Buenrostro andaba en China, dejaron que la situación se agravara, culpando primero a diputados y senadores de “no hacer nada” y luego al gobierno federal de “dejar sola a Tijuana”.

Pasaron los días para que habilitaran el primer albergue en la Unidad Deportiva “Benito Juárez”, en la Zona Norte (curiosamente colindante con la Avenida Internacional, paralela al

cerco fronterizo).

Todavía entonces, ninguna representación consular (de embajadas o consulados) de los países de donde proceden, parecieron interesarse en atender a sus connacionales que, azuzados por vivales o líderes oportunistas, los incitaron a intentar derribar el muro norteamericano, como lo hicieron con el símil mexicano en Tapachula.

Se toparon con que es más alto, más fuerte y más resguardado, éste por tropas y agentes federales norteamericanos, autorizados por su presidente Trump a usar la “fuerza letal” (capaz de matar) como lo demostraron el mediodía del pasado domingo, al dispararles balas de goma y lanzarles cartuchos de gas pimienta (lacrimógeno) para disuadirlos y alejarlos del cerco en el canal del Rio Tijuana, en la garita de El Chaparral y en el cruce del ferrocarrill, atrás de la Agencia Aduanal Gutiérrez.

Así, hombres y mujeres, arrastrando a sus hijas e hijos menores en esta peligrosa odisea, se vieron en la necesidad de replegarse y regresar al albergue “Benito Juárez”, en tanto deciden: 1.su repatriación: 2-tramitan visas de trabajo para permanecer en suelo mexicano o 3.insisten en solicitar asilo humanitario en EEUU, que solamente otorgan a quienes comprueban ser perseguidos políticos o estar en riesgo de muerte o secuestro en sus países de origen.

Esto le tomaría una espera de por lo menos 4 meses para tener respuesta que, les han dicho, no es garantía de que califiquen, lo que al final de cuentas los pondrá en la necesidad de cancelar sus aspiraciones de ver realizado su “sueño americano”.

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